
15 de julio, 2026.
Un análisis jurídico propone entender ciertos comportamientos desplegados durante los procesos de divorcio como una estrategia de “tierra quemada”, caracterizada por la utilización sistemática de mecanismos judiciales, económicos y emocionales para desgastar a la expareja. Esta dinámica incluye acoso judicial, manipulación de regímenes de visitas, campañas de desprestigio, violencia económica y violencia vicaria, con el objetivo de generar dependencia, agotamiento y pérdida de estabilidad personal y patrimonial, más allá de la legítima defensa de intereses dentro del proceso.
El fenómeno adquiere especial relevancia frente a las condiciones de vulnerabilidad económica que enfrentan muchas mujeres tras una ruptura. Según el análisis, la desigual distribución de las labores de cuidado, las dificultades de acceso al mercado laboral y los efectos económicos del divorcio pueden convertir estas prácticas en herramientas de control y dominación. En algunos casos, incluso se recurre a la simulación de deudas, ocultamiento de bienes o estrategias de insolvencia para afectar la liquidación patrimonial o el cumplimiento de obligaciones alimentarias.
La reflexión concluye que estas conductas no deben ser vistas como hechos aislados, sino como una estrategia integral de violencia que exige respuestas judiciales con enfoque de género. En ese sentido, se destaca la necesidad de que jueces y operadores jurídicos identifiquen los patrones de control y abuso del derecho que pueden presentarse en los procesos de familia, con el fin de garantizar la protección efectiva de las víctimas, la reparación integral de los daños causados y la salvaguarda del interés superior de los menores involucrados.
Directora Ejecutiva.
